Proyectos personales          

Siempre me ha agobiado lo de los proyectos personales. Supongo que porque nunca he tenido uno, o por lo menos eso he estado pensando hasta que en enero se lo conté a Nieves.

La primera vez que alguien me habló de los proyectos personales fue en la universidad. Me acuerdo. Hasta entonces yo no oí a nadie hablar de ellos. Sí de hobbies, de gustos o de maneras de invertir el tiempo, pero eso son cosas mucho más ligeras y fluidas que lo de los proyectos personales. Así que me tiré cuatro años, que es lo que me duró la universidad, buscando mis proyectos personales.

Me hice una cuenta para subir cosas que se me ocurrieran escribiendo, o fotos que fuera haciendo, pero me pareció muy forzado y acabé por dejarlo. Igual es porque nunca he sido mucho de hacer cosas con el objetivo de exponerlas, y justo eso es lo que se hace en las redes sociales, o por lo menos yo lo pienso así. Pienso que la gente que sube fotos bonitas, al hacerlas ha pensado en hacerlas bonitas para luego enseñarlas. Y a mi me parece bien, porque a mi me gusta ver las fotos bonitas de la gente, pero yo no sé hacerlas bonitas para que la gente las vea. Lo que hago lo hago porque es bonito para mi.  

Al tiempo volví a probar y empecé a subir vídeos cantando y tocando canciones, pero al tiempo del tiempo recordé por qué esto no me funcionaba.

Así que no. No tengo una cuenta donde publique los sitios a los que voy, o los deportes que me gusta hacer, o las canciones que me gusta cantar, o las notas que pierdo dentro del móvil, o camisetas que he diseñado para mi, o cómo intento que la comida que hago se parezca a la de mi madre o a la de mi abuela o a la de gente que no me acuerdo pero que del sabor sí.  

No tengo nada de eso. Pero hago todo eso. Voy a sitios que me gustan, disfruto haciendo deporte, canto y toco en mi cuarto las canciones que me gustan, guardo textos en libretas y en el móvil, me diseño camisetas porque las que me gustan de las tiendas son chulas pero carísimas así que me hago yo alguna chula y barata porque la mano de obra de uno mismo es gratis, y todos los días me gusta muchísimo cocinar y acordarme de cómo lo haría mi abuela.

Un día en los sofás se lo conté a Nieves. Le dije que me agobiaba lo de los proyectos personales. Que me agobiaba porque mientras la gente sabía hacer sus proyectos personales, yo solo sabía vivir. Que hay muchsímas muchísimas cosas que me gustan en la vida, pero que ninguna de ellas las sé exponer ni monetizar, y que de momento no tenía ningún interés en aprender a hacerlo.

Me dijo que le gustaba mucho mi proyecto personal.





















Y esto es un juego al que juego cuando me hago café, por si quieres jugar

Ahora todo el mundo dibuja en el café.
A mi me encanta el café.
Pero no sé dibujar.
Ni en papel, ni en digital ni en ningún lao.
Así que tampoco en café.
Así que si un cisne o un corazón son Latte Arte Clásico
a esto lo llamo Latte Arte Contemporáneo.

Se juega igual que se juega con las nubes.